domingo, 28 de febrero de 2010

Buenos Aires-Montevideo:Tan cerca y tan lejos



Son las 8.30 de la mañana de un sábado nublado en Buenos Aires, ya hemos pasado por migraciones, subimos al buque y buscamos asiento. La ansiedad por llegar es grande, la gente parada va de aquí para allá buscando el baño, el free shop, algo para comer. Pronto, ya ubicadas, entre mate y mate me pregunto ¿Cómo será Montevideo?, es la primera vez que salgo del país y la intriga es grande. Una hora más tarde se nos anuncia que hemos arribado al puerto de Colonia. En Uruguay es una hora más (primera diferencia con mi país). Nos guían hasta el bus que en dos horas nos dejara en Montevideo, nuestro destino final.



El sol calienta e ilumina las calles de la ciudad, la gente transita y desarrolla sus actividades normalmente. Yo emocionada, ya quiero llegar al hotel dejar los bolsos y salir a recorrer. Nuestro primer objetivo es encontrar un lugar para comer. Una parrilla de ambiente agradable llama nuestra atención, el televisor muestra las novedades del futbol Argentino mientras un mesero bastante agradable nos trae la carta. "Chivito al plato" es nuestra elección. Luego de nuestro almuerzo nos traen la cuenta y junto con ella nos ofrecen un café de cortesía. Primer pensamiento: "esto en Buenos Aires no pasa".



Ahora si, a comenzar el recorrido, pero… ¿que pasa? ¿Por que tanto alboroto en medio de la 18 de julio? Es un grupo de gente que se acerca coreando el nombre de Pepe Mujica. Nos dan un panfleto y nos invitan a bailar junto a ellos. Grandes, jóvenes y niños cantan en apoyo del candidato, y pienso: ¡cuanto nacionalismo! Que importante es la participación política para la gente en este país y lo confirmo al ver las banderas partidarias colgadas en los balcones y ventanas de las casas, en la espontaneidad de la convocatoria. Evidentemente allí no ocurre lo que en Argentina vulgarmente afirmamos: "Estos vienen por el pancho y la gaseosa". Además parece haber un respeto muy fuerte por la opinión de cada uno, nadie salió al cruce, a criticar este apoyo de la gente, como nos tienen acostumbrados los políticos argentinos.



Caminamos y a unas cuadras ya vemos el estadio Centenario, allí nos dirigimos. Es ¡majestuoso! , en frente varios jóvenes juegan a la pelota. Entre camisetas de Nacional, y Peñarol se mezclan algunas de River y Boca. ¡Que cerca que estamos! La pasión por el futbol atraviesa el charco, es algo que nos une.



Tras recorrer lugares históricos, monumentos, teatros, las playas y las principales atracciones de la cuidad, nos disponemos a esperar el colectivo para regresar al hotel. Unos jóvenes, cada uno con su termo bajo el brazo, se acercan a nosotras con el mismo objetivo:



_ ¡Señorita!... ¿tiene un cigarrillo?, pregunta uno de ellos a mi compañera de viaje.



_ Si, como no. Contesta ella



_ ¿Cuánto le debo? Pregunta, mientras saca la billetera de su bolsillo.



_ ¡No!...nada. Contesta mi amiga mientras me mira asombrada.



_ Bueno… ¡Muchas Gracias! Es muy amable…Gracias, en serio.



Viene el bus, uno cada 5 minutos: ¡Dios, que frecuencia!, Igual que varias líneas de Buenos Aires, pienso irónicamente en voz alta. Subimos al transporte:



_ ¿Nos dejas en plaza Cagancha?



_Mmm...Las dejó cerca.



_Bueno, dos boletos hasta ahí.



_No, dejen, dejen, no hay problema, las acerco.



Después de tanta amabilidad, no me imaginaba que algo más pudiera sorprenderme. Parada tras parada el bus se va llenando:



_ ¡Por Favor, un pasito para atrás!... En el medio hay lugar, si colaboramos todos podemos viajar mejor. Si alguien tiene que bajar por adelante por favor avise con tiempo así paro. Pregona el chofer.



Domingo por la tarde, llego la hora de volver, hacemos un último recorrido camino a la Terminal. Una extensa feria desplegada en las veredas de la 18 de Julio llama nuestra atención. Pasamos entre la gente que se detiene a comprar eligiendo entre la amplia variedad de productos que van desde verduras, artesanias hasta animales como tortugas, peces y gatitos. Llegando a nuestro destino nos disponemos a cruzar la calle, el semaforo habilita el paso al peaton y permite el giro de los vehiculos. Cruzamos y mientras lo hacemos nos sorprende el respeto de los automovilistas que nos ceden el paso y luego continuan su recorrido.



Ya arriba del micro rumbo a colonia,donde abordaremos el buque de regreso a Argentina, salimos de la cuidad. Nos ataca la nostalgia y las ganas de quedarnos. A esas alturas Montevideo nos a conquistado, su belleza y su gente han ganado nuestro corazón. Pero Buenos Aires nos espera, las obligaciones, los afectos y los proyectos reciden en ella. Solo nos queda una reflexión: a pesar de compartir el idioma, algunas costumbres, la pasión por el futbol, cruzando el charco hay otra vida, otra forma de pensar la sociedad por esto me pregunto: ¿Es posible que estando tan cerca, estemos tan lejos?.





 



 



 

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