viernes, 2 de abril de 2010

Bajo el manto de los medios


La televisión argentina nos brinda un material mas que interesante si lo que se pretende es hacer un análisis de la influencia que los medios ejercen sobre su publico. Todos los días prendemos el televisor y vemos programas que incansablemente repiten lo ocurrido en las emisiones de mayor audiencia. Peleas entre seudo-famosos (también llamados mediáticos), que pretenden alcanzar la fama, disputándose la mayor cantidad de minutos en el aire. Esto trae como consecuencia la maximización de la popularidad de ciertos personajes por sobre otros miembros de la sociedad que, desde su lugar, han hecho su aporte “productivo” a la misma. Por este motivo no resulta extraño que un adolescente (y algunos adultos), frente a fotografías de diversos personajes, reconozca casi sin errores a Guido y Silvia Suller, Jacobo Winograd, Mich, Amalia Granata o Ricardo García, entre otros, y prácticamente no pueda reconocer a Adolfo Bioy Casares, Julio Cortazar y/o Jorge Luis Borges.

Se podría afirmar que hoy predomina la “cultura bizarra” en detrimento de la “verdadera” cultura, puesto que cada vez es mas amplio el espacio que los medios (y la televisión principalmente) le otorgan a estos mediáticos. Estos permanecerán en el aire mientras los empresarios televisivos continúen contando el dinero que el aumento de la audiencia, y con ello el interés de un mayor número de anunciantes, trae aparejado.

La televisión debería ser considerada como lo que es, una herramienta para la transmisión del conocimiento y no solo para la dispersión. Y esta falta de consideración responde a que, en los últimos años y hasta ahora, la rentabilidad predomine por sobre el contenido. Si bien las cosas en la Argentina no están del todo bien y la población busca en la televisión una manera de distraerse (mucha gente se divierte de las expectativas de fama de Zulma Lobato o de la ingenuidad extrema de las mellizas Xipolitaquis), hay que tener en cuenta que un gran porcentaje del público no esta en condiciones de poder discernir entre lo correcto e incorrecto , siendo fácilmente influenciados por la opinión de Jacobo Winograd, por ejemplo.

Hace unos años, en el marco de elecciones para jefe de gobierno, se le preguntaba a la población en la calle:¿Por quien va a votar? Y gran porcentaje de los interrogados respondió que a Macri, porque si pudo ser presidente de Boca y sacarlo campeón seguramente podría dirigir la cuidad. Ahora bien, ¿es comparable un distrito con un club? ¿Es lo mismo cometer un error en la dirigencia de un club que en la intendencia de la cuidad de Buenos Aires? Resulta sorprendente que la gente tome este criterio para elegir a su candidato, lo cual demuestra una marcada falta de interés de la sociedad argentina a la hora de emitir su voto. Hay una importante amnesia respecto del pasado, por lo cual, se vota inconcientemente y olvidando que el resultado de la elección marca el destino de un país, cuidad o distrito por los siguientes cuatro años.

Esto hace pensar cuanto influyen los medios en el poder de reflexión de su público, si es que aun existe ese poder, y en cuan convencida esta la audiencia de que todo lo que ve, oye y siente a través de estos, es la verdad absoluta.

En resumen, es lamentable la subestimación que se hace del poder de los medios en cuanto dispositivos educativos y de cómo la rentabilidad y la ambición hacen de estos, y principalmente de la televisión, una mercancía adaptable a los tiempos que corren. Consecuentemente se modifican los contenidos tan inconcientemente que hasta parece irónico que a las diez de la noche se nos recuerde el inicio del horario de protección al menor, cuando sin importar ni día ni horarios se emiten escenas con alto contenido erótico o se entrevista a chicas despampanantes muy ligeras de ropa.

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